Por qué no es solo “comer menos y moverte más”: la verdad sobre la inflamación

¿Cómo la inflamación impacta tu cuerpo?

Muchas mujeres llegan a un punto en el que sienten que hacen “todo bien” (comen saludable, entrenan, duermen mínimo 7 horas diarias) y, aun así, su cuerpo no responde como esperan. La pesa no se mueve. Se sienten sin energía. La inflamación parece no irse. Empiezan a surgir muchos síntomas o enfermedades crónicas que parecen estar conectados, pero que aparentemente no tienen que ver una con la otra. Y obviamente empieza a llegar la frustración deque no saben que más tienen que hacer… (¿…Estoy hablando de ti?)

Lo que muchas tampoco saben es que la respuesta la mayoría de las veces no está en “hacer más”, sino en entender lo que está pasando dentro de su cuerpo. Y aunque no lo creas y casi nadie habla de esto…; uno de los factores más ignorados cuando se trata de peso, energía y salud es la inflamación crónica.

¿Qué es la inflamación (y por qué importa)?

La inflamación es una respuesta natural del cuerpo para defendernos de infecciones, lesiones o toxinas.
Realmente está diseñada para ser beneficiosa (como cuando te cortas o tienes fiebre): y la misma activa mecanismos de reparación y defensa.

Peeero, cuando esta respuesta se mantiene activa por semanas, meses o años, la inflamación se vuelve crónica, y ahí es que empiezan los problemas.

Inflamación y aumento de peso: un ciclo difícil de romper

El problema con la inflamación y el aumento de peso es que es un ciclo vicioso:

  • La inflamación crónica favorece la ganancia de grasa.

  • Y el exceso de grasa (especialmente abdominal) genera más moléculas inflamatorias.

Por ejemplo:

  • Hormonas del apetito: La inflamación crónica puede provocar resistencia a la insulina y a la leptina, dos hormonas clave que regulan el apetito y la saciedad. Esto significa que tu cerebro no recibe bien la señal de que ya comió suficiente, lo que facilita comer de más sin darte cuenta.

  • Cortisol elevado: El estrés constante y la inflamación elevan el cortisol, lo que promueve la acumulación de grasa abdominal.

  • Mitocondrias lentas: La inflamación puede disminuir la eficiencia de tus mitocondrias, lo que reduce tu metabolismo y te hace sentir más cansada.

  • Microbioma desequilibrado: Una alimentación inflamatoria altera la flora intestinal, afectando la digestión, la absorción de nutrientes y la regulación del hambre.

Por eso, no es solo “comer menos y moverte más”.
Cuando hay inflamación crónica, tu cuerpo está enfocado en sobrevivir, no en bajar de peso.

Señales comunes de inflamación silenciosa

Aunque esta lista no es exclusiva, estas son algunas señales frecuentes que podrían indicar inflamación:

  • Fatiga persistente (aunque duermas bien)

  • Hinchazón abdominal o digestiones pesadas

  • Cambios de humor, ansiedad o irritabilidad

  • Dificultad para concentrarte

  • Dolores articulares o musculares sin causa clara

  • Problemas en la piel (acné, eczema, erupciones)

  • Infecciones frecuentes o lentitud para recuperarte

  • Resistencia a la pérdida de peso

Lamentablemente muchos de estos síntomas se normalizan (es la edad, es el estrés, esto le pasa a todo el mundo), y son muy comunes pero no son normales. Son mensajes de tu cuerpo pidiendo cambios.

Cómo romper el ciclo inflamatorio

No existe una solución única para todas, pero aquí te dejo algunas estrategias simples que puedes empezar a implementar y ver si te funcionan a ti:

1. Reevalúa tu alimentación.

Empieza por reducir los alimentos proinflamatorios más comunes:

  • Azúcar refinada

  • Gluten

  • Lácteos

  • Alimentos ultraprocesados y aceites vegetales refinados

2. Regula tu sistema nervioso.

Tu cuerpo no puede sanar si siempre está en modo de “alerta”. Puedes empezar a implementar pequeños hábitos diarios como caminar, respiraciones profundas, orar o hacer journaling. Estas actividades aunque no lo creas activan el sistema parasimpático, reduciendo cortisol y favoreciendo la digestión, la quema de grasa y el equilibrio hormonal.

3. Prioriza el descanso

Una sola noche de mal sueño puede elevar marcadores inflamatorios. Crea una rutina nocturna consistente y protege tus 7–8 horas de descanso.

4. Muévete

Caminar, entrenar fuerza 2–3 veces por semana y mantenerte activa mejora la sensibilidad a la insulina, equilibra hormonas y apoya al sistema inmunológico.

En resumen:

La inflamación silenciosa es una de las causas más poderosas (y menos habladas) detrás del estancamiento físico, mental y emocional que muchas mujeres experimentan. Cuando aprendes a identificarla y regularla, empiezas a trabajar con tu cuerpo en lugar de en su contra.

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